Doña Carmenza
Una silla conservada frente a una tienda: asiento, encuentro y extensión del barrio. La permanencia del objeto revela su vínculo afectivo con el mobiliario y el espacio doméstico.
Proyecto para Jardín Invisible · Barichara
Punto de partida
En 2010 rodamos Seven Years of Winter, el corto de Marcus Schwenzel, en Kiev y en la zona de exclusión. Una ciudad congelada en el tiempo, de por vida. Ahí no se puede tocar nada: solo se observa.
Y observando aparecieron las sillas. Plásticas, quietas, en espacios donde ya no queda nadie, esperando a ser habitadas otra vez. No pude mover ninguna, así que hice lo único que quedaba: imaginar quién vivió ahí, quién habitó ese espacio, quién estuvo sentado en esa silla.
De vuelta en Colombia la empecé a ver en todas partes. La misma silla: en una vereda, en un patio, en la tienda de la esquina, en la sala de espera de un pueblo. Llevo quince años archivándola.
La regla del proyecto no es una decisión estética. Es la única forma en que aprendí a mirarlas: encontrarlas donde están, no moverlas, no estilizarlas.
Es un objeto que espera, sostiene, acompaña y permanece. Está en una casa, una calle, una escuela, una tienda o junto a un río. Cambia con cada cuerpo y cada territorio que la habita.
Y sobre todo: no se desecha, se transforma. Si se rompe, se cose. Si se le rompe una pata, se busca otra silla sin pata y juntas hacen una silla. A veces son tres, apiladas, sosteniéndose entre sí. El color se va apagando con el sol y con los años hasta volverse el color del lugar.
La serie observa estas sillas como un archivo vivo de recursividad: piezas reparadas, apiladas e intervenidas que conservan las marcas de quienes las usaron.

Antecedente · 2017
En 2017 monté la exposición con el material que recogí durante el rodaje. Diez piezas, pesadas, impresas sobre placas de cemento. Y en la sala proyecté el corto.
No fue una decisión de textura. El reactor sigue ahí, contenido en un sarcófago de cemento: el material que sella, el que pesa demasiado para moverse. Sobre él imprimí las habitaciones vacías y las sillas que nadie va a volver a ocupar.
La fotografía no cubre la placa. El cemento queda a la vista y la imagen emerge de la materia y se disuelve en ella. En una de las piezas entra luz por una ventana y la silla proyecta su sombra en el piso: es lo único que todavía ocurre en ese cuarto.
Chernobyl, 2017 · Diez piezas · Impresión fotográfica sobre placa de cemento
Casa Blanca, con el colectivo Prototipo — donde mostrábamos el proceso y el material de las obras
Con proyección del cortometraje Seven Years of Winter (Marcus Schwenzel, 2011)
Texto curatorial: María Adelaida Samper
Quince años después voy a montar sobre OSB: retazos de madera prensada, material barato, popular, constructivo. El que arma. Y las sillas no las voy a sellar — las voy a pedir prestadas y las voy a devolver.
Cemento y OSB. Sellar y armar.Herbario de lo cotidiano
Todo objeto que permanece suficiente tiempo en un territorio termina perteneciendo al paisaje.
La silla monobloc es una especie industrial que se adaptó a todos los territorios de Colombia: la he encontrado en Cali, en Bogotá, en el Chocó, en Cartagena y en Medellín — en una tienda de barrio, en un patio, en una sala de espera, junto a un río. Bajo el sol, la lluvia y el uso pierde su uniformidad y empieza a adquirir las marcas del lugar.
Sus colores se apagan. Sus patas se refuerzan con lo que haya. Otras sillas se apilan para sostenerla. Cada intervención es una forma de cuidado; cada desgaste, una memoria material.
Por eso el método no es el del catálogo de diseño sino el del herbario: recolectar, fechar, situar, describir. Una especie observada en su hábitat.
Archivo colombiano de objetos cotidianos
Cada ficha reúne el objeto, su territorio, las huellas de uso y una historia reconstruida a partir de quien convivió con él.
Los tres primeros vienen del Chocó. Un archivo no empieza abarcando un país: empieza hondo en un lugar. Barichara sería el segundo territorio.
Así se vería un expediente. Los tres primeros están en construcción.
Estudios de ficha · datos de referencia

Una silla conservada frente a una tienda: asiento, encuentro y extensión del barrio. La permanencia del objeto revela su vínculo afectivo con el mobiliario y el espacio doméstico.
El rosa desgastado cuenta años de sol, lluvia y procesiones. Refuerzos en las patas y decoloraciones registran una relación larga entre el usuario, el objeto y el camino.
Pintura, humedad y reparaciones populares prolongan su vida útil. No está intacta, pero sigue cumpliendo su función: reparar también es una forma de cuidado.

Propuesta de residencia
Los tres primeros expedientes vienen del Chocó. Barichara sería el segundo territorio del archivo — y el primero que se hace con la gente adentro.
Durante la residencia recorreré Barichara y sus alrededores para registrar las sillas exactamente donde aparecen, sin moverlas ni estilizar la escena. Cada hallazgo será observado en relación con la arquitectura, la vegetación, el clima, los oficios y las formas de reunión del lugar.
Conversaré con sus habitantes y construiré un archivo de fotografías, relatos, dibujos, muestras cromáticas, frottages, texturas, hojas y pigmentos locales: un herbario sensible en el que cultura y naturaleza se leen a través de un objeto común.
Recorrer el territorio y localizar sillas en su hábitat cotidiano.
Reconstruir la relación entre el objeto, sus usuarios y el lugar.
Fotografiar, dibujar, tomar color, textura, huellas y materia vegetal.
Crear nuevos expedientes y un jardín temporal de sillas prestadas.
Regresar cada silla al lugar y a la persona a la que pertenece.
El intercambio
No me llevo nada que no haya pedido prestado. A cada persona que preste su silla le preguntaré qué quiere a cambio: una copia de la fotografía, la ficha de su silla impresa, que su nombre aparezca o que no aparezca. Eso lo decide quien presta, no quien registra.
Lo que queda en Barichara
Antes de que el archivo salga del pueblo, los expedientes se exponen en Barichara. Primero los ve la gente cuyas sillas están adentro.
Proyección expositiva
Las fichas todavía no existen como objeto. Esa es, precisamente, la forma que quiero encontrar en la residencia.
Las imagino habitando el espacio como tríptico, sobre repisa o suspendidas, en marcos de OSB que mantengan visible la materialidad cruda, popular y constructiva del proyecto — el material que arma, frente al cemento que selló el primer capítulo.

Jardín Invisible
El proceso culminará en una instalación de expedientes y sillas prestadas por la comunidad. Durante un momento formarán un paisaje común; después, cada silla regresará al lugar y a la persona a la que pertenece.
El archivo se queda. Las sillas, no.Archivo en curso · última actualización: 3 de septiembre de 2026